Ese proyecto de inferiores que lanzó Colón hace un par de semanas ya está teniendo un perfil resultadista: el equipo jugó un gran partido, en el cual se destacaron tres que vienen desde abajo.
Colón supo pasar de aquella famosa frase de Mohamed (“los veo cómodos y relajados”, después de la derrota con Arsenal) y los silbidos de su propia gente (después del 1-2 con Independiente en el Cementerio) a construir una actuación soberbia, de enormes y hasta consagratorios rendimientos individuales (el claro y contundente 3-0 sobre Vélez de ayer en el Amalfitani).
Cuando se habían extinguido los 90 minutos del partido con Independiente y todos hablaban de la reprobación de la gente, del bajón del equipo, de la falta de triunfos como local, de la racha de siete partidos consecutivos sin ganar, surgía también una sensación muy clara: la de que el técnico era el principal responsable del momento y también que él tenía en sus manos la posibilidad de cambiar.
Y Mohamed lo hizo nomás. Porque al margen del gran partido de Candia, de la solvencia enorme de Garcé, de las dos juveniles revelaciones (Alfredo Ramírez y Lucas Acosta) y de los goles de Tito, hubo desde la concepción táctica y estratégica del entrenador un sostén casi decisivo para armar el gran partido que supo jugar Colón.
Es cierto que se puede diseñar, desde la teoría, el mejor de los planteos sin descuidar un solo detalle. Pero se necesitan buenos intérpretes que lo consoliden, lo lleven a la práctica con la mejor fidelidad posible y, además, que lo potencien con los rendimientos individuales que son los que llevan al éxito o condenan al fracaso a cualquier esquema.
Un partido muy bien pensado
En este rubro, el Turco Mohamed jugó “su propio partido” y demostró, con hechos, todo lo que le había expresado con palabras a los jugadores y a la dirigencia durante una semana en cierta forma convulsionada por las dos derrotas consecutivas que acarreaba el equipo:
* 1) No dudó en meter mano y cambiar más de medio equipo: seis variantes de Independiente a Vélez.
* 2) Volvió a sus propias fuentes: hizo un 3-5-2, su esquema preferido, y se la jugó con un enganche neto para ganarle las espaldas a los volantes rivales, sabiendo que Vélez se iba a venir con casi todos en búsqueda del arco propio.
* 3) Pensó más y mejor el partido que Tocalli: no dejó nada librado al azar y sorprendió con la posición de algunos jugadores que luego fueron clave para la victoria.
Mohamed armó un partido de “parejitas” en el mediocampo: Oyola con Gastón Díaz, Alfredo Ramírez con Cabrera, Prediger con Zapata y Falcón con Papa. A esos duelos individuales, en algunos casos muy marcados como el de Falcón con Papa y el de Prediger con Zapata, los ganaron en todos los casos los jugadores de Colón. Allí empezó a vislumbrarse lo que luego ocurriría, porque más allá de pensar en el rival, el “Turco” tuvo un plan alternativo de “exterminio”:
Colocó a Tito Ramírez volcado por el costado izquierdo (allí por donde juega Cubero) y en ese sector encontró Colón las ventajas para aprovechar y definir el partido (dos goles de Tito en el primer tiempo entrando por ese costado y a espaldas de Cubero).
La única duda del “Turco” —y del equipo— se produjo en el arranque del segundo tiempo. Con la entrada de Nanni y el adelantamiento de Papa, Vélez —lógica y naturalmente— lo metió en un arco a Colón. Allí empezó a crecer la figura de Garcé (ya Candia venía jugando muy bien y Aguilar entró casi en un mismo nivel de buen rendimiento que había tenido Goux en el primer tiempo), pero hubo un momento en el que Mohamed no supo qué tenía que hacer. Amagó meter línea de cuatro (Falcón al fondo y Acosta por derecha) y se arrepintió enseguida; amagó cambiar de lado a los marcadores (Candia a la izquierda y Aguilar a la derecha), pero también se arrepintió. Entonces, definió seguir con el mismo esquema y no se resignó jamás a atacarlo a Vélez (jugó con un enganche y dos delanteros hasta el final del partido).
¿Qué consiguió?, gracias al muy buen rendimiento defensivo (de la línea de tres y de los del medio también), evitó que Vélez descontara y se agrandase, y aprovechó para contragolpearlo. De esta forma, jugando de contragolpe, pudo marcar más goles, siguió siendo más que Vélez y ganó con una autoridad, merecimientos y legitimidad indiscutibles el partido.
Si Colón metía cuatro, cinco o seis goles, iba a estar bien. Barovero se convirtió, hasta donde pudo, en sostén del 0-2. Entre algunas imperfecciones para definir o para elegir el mejor destinatario en los contragolpes, por parte de Colón, y algunas atajadas del arquero de Vélez, el partido se mantuvo casi hasta el final con ese resultado, que ya Colón había logrado, basado en la solidez e inteligencia, en el primer tiempo. Y el estallido se produjo en el propio final, cuando Lucas Acosta aprovechó uno de los tantos contragolpes de gol que armó Colón, para definir en gran forma, entrando por derecha, redondeando así una actuación formidable.
Puro mérito sabalero
No faltarán quienes digan que Colón se aprovechó de un Vélez débil, sin argumentos de juego y escasamente profundo a la hora de atacar. Cuando un equipo golea a otro se pueden tomar dos caminos. O se reflejan y realzan las virtudes del que goleó, o se hace hincapié en los defectos del que fue goleado. Siempre, en toda goleada, hay algo de los dos: del que golea y del que la sufre. En este caso, los méritos de Colón son relevantes. Desde el planteo del técnico, la elección de los intérpretes y la concreción en la cancha durante los 90 minutos.
¿Acaso no se dudaba de un mediocampo con mucha “pibada”?, ¿acaso muchos no se preguntaban qué iba a pasar con el arquero, por más que el clamor popular apuntaba a la salida de Blázquez y a la inclusión de Pozo?, ¿acaso no se pensaba que jugar con línea de tres ante un equipo ofensivo como Vélez y por cómo venía jugando Colón en defensa, no era una invitación a “comerse” otra vez varios goles?
Colón jugó un partido bárbaro desde todo punto de vista, por eso, los méritos hay que apuntarlos a exaltar esas virtudes y no mirar tanto los defectos ajenos. Muy bien en defensa (tiene razón Mohamed: Garcé es media defensa), sólido, concentrado y convencido de lo que había que hacer en el medio, y con un Fuertes “más jugador que atacante” para acompañar a un Ramírez implacable ante el gol, arriba, fueron acabadas muestras de que Colón jugó un partido especial para demostrarse a sí mismo que puede.
FUENTE: EL LITORAL
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